Humus en el Mercadona
como ahora hace bien bueno, todas las tardes nos vamos de paseo y no volvemos hasta casi las 9 de la noche para bañar a pequeñín (que ayer tenía arena hasta dentro del pañal). Y pasamos por la puerta del Mercadona, que es una tentación para cualquier ser humano de buen comer. Así que estuvimos viendo las delicias gastronómicas de tal antro de la alimentación. Entre la sección “salsazas para pringarse hasta los codos” la niña encontró unos botes de hummus de garbanzos que rápidamente adquirimos. Y oye, está bastante bueno. Tiene un sabor más fuerte que el que nosotros hacemos, es más líquido y más fino al paladar (lo que tienen las batidoras industriales), pero vamos, que me compensa frente a la lotería de hacerlo en casa (un día está de muerte y al día siguiente ni con pan entra). Así que recomendamos este producto, que extrañamente tiene una etiqueta que pone “Apto para vegetarianos”.
En temas Pablistas, el peque está tremedísimo. Ayer le pesamos en la farmacia (12, 680) lo que causó exclamaciones de admiración entre el respetable. Y es que como el muchacho es tan simpático y va con el hola por la vida, todo el mundo está pendiente de él. Con lo que se crece y hace todo su repertorio de gracietas. Con lo que todo el mundo está más pediente. Con lo que se crece. Con lo que …. y hasta el infinito. Si es que cuando sale bien un muchacho, sale bien
Por cierto, yo creo que Pablo es superdotado (no sólo por el pito, jijiji) de lo listo que es. Supongo que será amor de padre, pero bueno, lo creo. Ayer mi madre estaba que no se podía creer lo que le había pasado. Se llevo al peque a casa por que teníamos nosotros trabajo y salimos más tarde. Total, que él tenía sed y la abuelita le decía que no tenían biberón. Total, que se levantó el bebé, se fue al carro y empezó a llamar a la yaya mientras señalaba la bolsa del carrito. Equilicuá, dentro de esa bolsa está su botellita de agua. Evidentemente los palos del sombrajo de mi madre tuvimos que ir al garaje a por ellos. Pero no sólo eso, llegué yo, gran alegría durante tres segundos (que duro es ser padre). Total, que estaba hablando con mi madre y el bebé llamándome agarrado al carro para que nos fuéramos. Como no le hacía caso, me vino con el gorro en la mano para que se lo pusiera y nos fuéramos. Y es que no salimos de casa sin el gorrito, ¿es o no es listo? Babababababababa!!!!
Por cierto, cuando arranca una hoja o una ramita, intenta pegarla de nuevo. Pobrecito, se le ve todo esforzado acercando la hoja a la planta por si se pega sola. De verdad, me lo como y no lo cago.
La noche de las fritangas
los miércoles viene nuestra Carmen, que es la chica que le da al fregoteo de cocinas y wateres, amén de dejarme las camisas lisas como una mesa de cristal. Claro, aprovechando que viene los miércoles, tengo instaurados los martes como “la noche de las fritangas” dado que si tiene que limpiar ¿qué más da un poquito más?. Total, que estaba yo ayer ya salivando pensando en el orden en que me empacharía a comer bolitas, patatitas, falafelitos y demases cuando mi madre me pegó una charla tal al respecto de mis cualidades culinarias del segundo día de la semana, que me quitó las ganas. Bien es verdad que fué en lo que nos tomábamos unas bravas en el bar, que ya tienen su puntito fritanguil, pero una madre no debería chafar de ese modo las ilusiones colesteroleicas de su hijo. Finalmente, ni cené. En fin, el próximo martes espero poder darle al colapso arterial.
Os voy a contar una anécdota sobre el stress laboral que me pasó ayer. Resulta que tenía que encuadernar unas fotocopias, así que fuí a la papelería de toda la vida del barrio donde vivía antes. La mujer me dijo que tenía estropeada la máquina (traducción: paso de hacer agujeritos y meter una espiral por los mismos). Así que fuimos a otra que estaba cerca. Ahora hay un centro médico donde compraba antes los bolígrafos. Así que fuimos a otra, que se ha convertido en un sitio de apuestas de quinielas. ¿Ya nadie necesita un bolígrafo? Por cierto, por el camino nos encontramos con una vecina de donde vivía antes con la que nunca había hablado. Casi le saca un moflete a Pablo de lo contenta que se puso la muchacha de ver que ya tenía yo un hijo. Que cosas. Bueno, al final nos fuimos donde Cristo perdió la alpargata a encuadernar las fotocopias. Reproduzco la situación:
(El local vacío, tres dependientes charlando)
Yo: Buenas tardes venía a encuadernar esto en espiral.
Él: Buenas tardes, dime tu nombre y mañana lo tienes.
Yo: (Extrañado) ¿No me lo puedes hacer ahora?
Él: Es que ahora tenemos mucho lio y cerramos en media hora, mejor vente mañana.
Yo: (Lo que debería haber dicho que no dije “¡¡Pero si os estais rascando los huevos a dos manos, cacho de perro!!!!) Ah, bueno, pues mañana vengo.
No os imaginais lo que me estoy arrepintiendo de no haberle dicho que era un perro del demonio y que me hiciera en el momento las encuadernaciones. Pero como no tenía prisa, iba super contento por pasear con la familia toda la tarde, y quiero que me haga la encuadernación, pues nada, me jodí. En la imprenta esta es en la que llevé mi trabajo de fin de carrera y cuando lo recogí habían adjuntado en la última página unas tarjetas en chino del cliente que vino detrás mio cuando dejé yo mis copias. Poco profesionales son.

